Procuro un paso firme que me guíe a todos lados.
O a ninguno. Da igual.
Le hablo al espejo cada mañana
recordándole lo bien que estábamos solos.
Canto. Bailo. Gano. Pierdo. Me defiendo.
Pero entre tanto barullo,
en medio de tan poco silencio,
siento algo ausente en mí misma.
Algo que falta, que extraño.
Me has robado un poco de mí
y no puedo recuperarlo.
Te has aferrado a eso,
crees que te pertenece.
Pero de mí nada es tuyo.
No tienes derecho a recordarme
ni a extrañarme
renunciaste a eso y a todo.
Nada en mí te pertenece.
Nada aquí te retiene.
Tu cuerpo ya no es el que amé,
ya jamás poseerás el mío;
nunca volveremos a ser sexo,
juego, fuego, deseo, beso.
Ya no seremos nosotros
-si acaso alguna vez lo fuimos-.
No hay más tiempo presente
que el que truncamos
No hay más futuro
que el que cancelamos.
Todo es pasado
y ahí debe quedarse.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario