Los diagnósticos pueden en muchos sentidos ser devastadores. Lo que en un cuerpo joven es apenas una gripa, en uno ya cansado puede tener muchas consecuencias. Puede cambiarnos radicalmente la perspectiva.
Hoy un giro inesperado me lleva a preguntarme qué pasaría si faltara mi padre. Cómo viviría ya sin él. Durante mucho tiempo procuré distanciarme emocinalmente de él. Siempre supo cómo humillarme, cómo lastimarme, cómo destruirme. Y la propia experiencia me llevó a estar lista para cuando eso pasara, a no bajar la guardia. Mis acciones, siempre en contra de lo que tú esperabas, creo que terminaron decepcionándote; porque no era modosita, porque esas no eran horas para andar en la calle, porque no era como mi hermana (incluso llegaste a preguntármelo); porqueé siempre quieres lo difícil, me reclamabas. Y yo no tenía más respuesta que la que tengo ahora: porque así soy yo. No sé si lo entiendas, si lo has entendido alguna vez; yo sólo sé que sabes que me quieres. Quisieras que fuera más como tú, pero creo que quieres a la persona que soy. Pese a que soy de las que más se han equivocado.
No pretendo enaltecerte. Como padre, supiste bien dónde equivocarte: me hiciste perder la fe en tí. Me enteré de todas sus crisis matrimoniales, y cómo te sedujo el perfume fácil de otra. Murmurabas de ella literalmente a mis espaldas. Y yo sólo te perdía el respeto. Y aprendí a callar porque mi mamá me suplicó que lo hiciera, cuando el avergonzado deberías ser tú! Desde entonces nada fue lo mismo. Desde mi adolescencia cambió la image que tenía de tí. Y aunque siempre he sabido que te sigo queriendo, ya no puedo hacerlo sin reservas. Y a quién sino a los padres y los hijos se ama sin condición?
Hoy el diagnóstico te declara débil, y nos declara que debemos cuidarte. Como siempre quisiste, hoy tenemos que atenderte. Y volvemos gustosas a hacerlo. Vuelvo gustosa a cuidar de tí. Porque eres mi padre y te amo y no imagino la vida sin tí. No me malinterpretes: sé de sobra que ambos nos hemos hecho daño, pero sé que no podríamos ya no querernos.
Porque también ha habido cosas maravillosas, y también eres parte de la luz que alumbra mi vida, pese a que como hija y como padre dejamos mucho que desear. Quizá por eso nos entendemos: cada uno ha aprendido a ignorar al otro en una justa dimensión. Como cuando ignoras que no llegué a la casa y yo hago que no escucho tu silencio. Como cuando evades que me destrozaste el corazón y yo pretendo que te respeto.
Y entre esa puesta en escena que jugamos inconscientes, lo único que sé que es cierto-porque lo llevo en el corazón- es lo mucho que te quiero. Lo único que no finjo-porque una angustia así no se puede corromper- es que no quiero que te mueras. Te amo, papá. Así, nada más.
Hoy un giro inesperado me lleva a preguntarme qué pasaría si faltara mi padre. Cómo viviría ya sin él. Durante mucho tiempo procuré distanciarme emocinalmente de él. Siempre supo cómo humillarme, cómo lastimarme, cómo destruirme. Y la propia experiencia me llevó a estar lista para cuando eso pasara, a no bajar la guardia. Mis acciones, siempre en contra de lo que tú esperabas, creo que terminaron decepcionándote; porque no era modosita, porque esas no eran horas para andar en la calle, porque no era como mi hermana (incluso llegaste a preguntármelo); porqueé siempre quieres lo difícil, me reclamabas. Y yo no tenía más respuesta que la que tengo ahora: porque así soy yo. No sé si lo entiendas, si lo has entendido alguna vez; yo sólo sé que sabes que me quieres. Quisieras que fuera más como tú, pero creo que quieres a la persona que soy. Pese a que soy de las que más se han equivocado.
No pretendo enaltecerte. Como padre, supiste bien dónde equivocarte: me hiciste perder la fe en tí. Me enteré de todas sus crisis matrimoniales, y cómo te sedujo el perfume fácil de otra. Murmurabas de ella literalmente a mis espaldas. Y yo sólo te perdía el respeto. Y aprendí a callar porque mi mamá me suplicó que lo hiciera, cuando el avergonzado deberías ser tú! Desde entonces nada fue lo mismo. Desde mi adolescencia cambió la image que tenía de tí. Y aunque siempre he sabido que te sigo queriendo, ya no puedo hacerlo sin reservas. Y a quién sino a los padres y los hijos se ama sin condición?
Hoy el diagnóstico te declara débil, y nos declara que debemos cuidarte. Como siempre quisiste, hoy tenemos que atenderte. Y volvemos gustosas a hacerlo. Vuelvo gustosa a cuidar de tí. Porque eres mi padre y te amo y no imagino la vida sin tí. No me malinterpretes: sé de sobra que ambos nos hemos hecho daño, pero sé que no podríamos ya no querernos.
Porque también ha habido cosas maravillosas, y también eres parte de la luz que alumbra mi vida, pese a que como hija y como padre dejamos mucho que desear. Quizá por eso nos entendemos: cada uno ha aprendido a ignorar al otro en una justa dimensión. Como cuando ignoras que no llegué a la casa y yo hago que no escucho tu silencio. Como cuando evades que me destrozaste el corazón y yo pretendo que te respeto.
Y entre esa puesta en escena que jugamos inconscientes, lo único que sé que es cierto-porque lo llevo en el corazón- es lo mucho que te quiero. Lo único que no finjo-porque una angustia así no se puede corromper- es que no quiero que te mueras. Te amo, papá. Así, nada más.