Es seguramente un temor infundado. Es la paranoia, la crisis que vivimos; o es el calor que me arrebata el de por si escaso buen juicio. Es querer conflictuarme, es ser amante del drama y comprarle todo al desazón.
Es no querer concentrarme en lo que debo; es mi mente saliéndose por la tangente. Es ese maldito afán de buscar siempre el modo de ser infeliz.
O no.
O la mentira es que es mentira. Y he fallado. Hemos fallado. Ha fallado.
O es solamente temer confesar el desprecio y la desesperación de mirarse al espejo cuando hemos hecho todo lo que creíamos que sólo hacía la gente estúpida.
Y preguntarnos si siempre lo fuimos, si todos lo sabían, ¿por qué no nos lo dijeron?
martes, 25 de mayo de 2010
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