Mi corazón, una isla fortificada en todos sus puertos, previene el asalto de los ladrones de sueños, contrabandistas de amor, piratas que buscan acumular para sí todo el deseo, y monopolizar para sí todo el plusproducto de besos y abrazos.
Mi corazón, último baluarte que le queda a mi cuerpo; amparo y defensa del amor en el que creo, resguardo transparente del juicio banal.
Mi corazón, fuerte que defiende la libertad del beso, la libertad del deseo, la libertad de amar; isla fortificada que permanece en espera;
Y a esta isla mía, mil combatientes la defienden rabiosos de la tristeza; combaten ferozmente contra la incertidumbre y el miedo; pelean con sus vidas contra el invasor oportunista que quiere venir y conquistar sus tierras. Y esta isla mía no lo sabe, pero mil hombres fuertes la mantienen segura, y velan su sueño y cuidan los barcos que zurcan sus mares.
Y esta isla mía, que a fin de cuentas soy yo misma, construye fuertes que después descuida, y su ejército de hombres, que a fin de cuentas soy yo misma, lucha rabioso por mantenerlo en paz.
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